Cita del día

martes, 11 de octubre de 2011

ALFABETO GRIEGO Y ALFABETO LATINO

Alfabeto griego

Adaptación del fenicio

El alfabeto griego deriva de una variante del fenicio, introducido en Grecia alrededor del siglo IX a. C., por comerciantes de esa nacionalidad. El fenicio, como los alfabetos semíticos posteriores, no tenía signos para marcar las vocales; para solventar el problema los griegos adaptaron algunos signos que en fenicio indicaban aspiración para representar las vocales. Este aporte se considera fundamental pues la mayoría de los alfabetos que incluyen signos vocálicos se derivan de esta aportación original griega. Además de las vocales, el griego añadió tres letras nuevas al final del alfabeto: φ, χ, y ψ para representar sonidos que no existían en fenicio.
Ya en época clásica algunas letras desaparecieron del alfabeto; la digamma, que adaptaba la vav fenicia, se utilizaba sólo en algunos dialectos occidentales, y desapareció antes del período clásico; la san, homófona con sigma, fue desplazada por ésta última; la qoppa, una adaptación de la kof fenicia cuyo sonido no existía en el griego.

Variantes del alfabeto

Variantes de algunos alfabetos griegos arcaicos 
(eubeo, jónico, ateniense y corintio)
comparadas con la forma clásica.

No todas las ciudades adaptaron el alfabeto fenicio en el mismo momento ni del mismo modo. Originariamente existieron variantes del alfabeto griego, siendo las más importantes la occidental (calcídica) y la oriental (jónica). En el año 403 a. C. Atenas adoptó la variante oriental y, dada su importancia política y cultural, se impuso poco después a las demás formas del alfabeto. Ya para esta época el griego había adoptado la escritura de izquierda a derecha, mientras que originalmente se había empleado para ello el bustrofedon (la alternancia de líneas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, invirtiendo todos los caracteres en el proceso).
Pero los griegos no solo adoptaron el alfabeto, sino que también lo difundieron hasta convertirse en la fuente de todas las formas de escritura modernas de Europa. De la variante occidental del alfabeto griego procede el alfabeto etrusco y de este el alfabeto latino, mientras que de la variante oriental procede el alfabeto cirílico y el gótico entre otros.

Letras obsoletas

Las letras digamma, qoppa, y sampi se utilizaron en la época arcaica (siglos VII y VI a. C.) en algunos dialectos, pero pronto dejaron de formar parte del alfabeto griego común aunque no del sistema de numeración jónico, con los valores numéricos correspondientes a su posición original.

El alfabeto latino

Origen
En la Inscripción Duenos datada en el siglo VI a. C. 
aparece la primera muestra conocida del alfabeto latino.
El origen del alfabeto latino parece estar en la variante occidental del alfabeto griego usado en Cumas, una colonia griega del sur de Italia (Magna Grecia), que los latinos adoptaron en el siglo VII a.C. a través de los etruscos para transcribir su idioma, al igual que hicieron otros pueblos itálicos de la época, y que desde entonces ha sufrido una larga evolución histórica. Del alfabeto de Cumas derivó el alfabeto etrusco y los latinos finalmente adoptaron 21 de las 26 letras etruscas.
Alfabeto de Cumas.
Reproducción de la tablilla masiliana con el alfabeto etrusco, que se leía de derecha a izquierda.
Originalmente el alfabeto latino constaba de las siguientes letras:

A
B
C
D
E
F
Z
H
I
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
V
X
Latín arcaico

Caligrafía original del alfabeto latino arcaico y sus distintas variantes.
Los romanos empleaban la C, K y Q para escribir el sonido /k/, pero pronto la letra K fue marginada en favor de la C, que entonces tomó los valores de /g/ y /k/. Probablemente durante el siglo III a. C. la letra Z dejó de usarse y se eliminó del alfabeto, tomando su posición alfabética la letra G, una modificación de la letra C que representaba el fonema /g/. Según Plutarco la idea de ponerle un palito a la C para poder diferenciar cuándo representaba al fonema /g/ fue de Spurius Carvilius Ruga. De forma que quedó la representación C = /k/, G = /g/. Así el alfabeto volvió a tener 21 letras:

A
B
C
D
E
F
G
H
I
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
V
X

Latín clásico

Letras claudias
Tras la conquista de Grecia en el siglo II a. C. se reintrodujo la «Z» y se adoptó la «Y» para transcribir las palabras griegas que se tomaban prestadas, colocándolas al final del alfabeto. El intento del emperador Claudio de introducir tres letras adicionales, las letras claudias, tuvo una vida muy corta. El nuevo alfabeto latino contenía entonces 23 letras que ya tenían la forma de nuestras mayúsculas:

A
B
C
D
E
F
G
H
I
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
V
X
Y
Z

En cuanto al nombre latino de las letras, los romanos no adoptaron sus nombres griegos, de origen semítico, sino que, en general,  formaron los nombres de las consonantes oclusivas añadiendo una /eː/ después del sonido representado por la letra (salvo C, K, y Q que necesitaron vocales diferentes para diferenciarlas) mientras que al resto de las consonantes se les añadió la /e/ antes de su sonido. El nombre de las vocales era simplemente su sonido. Cuando se introdujo la letra «Y» probablemente se llamaría hy /hyː/ como en griego (el nombre ypsilón todavía no existía) pero cambió a «i graeca» (i griega) porque para los latinos resultaba difícil diferenciar entre los sonidos /i/ e /y/. Para la «Z» se adoptó su nombre griego, zeta.

Edad Media

En la Edad Media aparecen por primera vez las letras minúsculas como consecuencia de la evolución sufrida por las mayúsculas al generalizarse la escritura con tinta sobre pergamino o papel.
Con la cristianización, el alfabeto latino se extendió por el norte de Europa a pueblos que no conocían la escritura o tenían sistemas gráficos diferentes, como los alfabetos rúnicos. También se extendió a otros pueblos de lenguas no latinas, como las bálticas, y de lenguas no-indoeuropeas, como el finés, el húngaro y el estonio. Durante la Edad Media asimismo adoptaron el alfabeto latino las lenguas eslavas occidentales, cuyos territorios quedaron dentro de la órbita de la Iglesia Católica, mientras que los pueblos eslavos orientales, que quedaron bajo la influencia de la Iglesia Ortodoxa, adoptaron el alfabeto cirílico.
También en la Edad Media se empiezan a usar las ligaduras «Æ» y «Œ».
En las lenguas germánicas se introdujeron en el alfabeto de forma transitoria un par de runas, «Þ» thorn y «ƿ» wyn, para representar dos fonemas que carecían de letra latina, los sonidos /θ/ y /w/ respectivamente, pero fueron sustituidas en la mayor parte de los lugares por dígrafos como «th» y «vv» porque se podían confundir con la letra P. La ligadura de dos uves consecutivas originaría la nueva letra «W» en el siglo XIII. En la aislada Islandia se seguirá usado una de estas letras «Þ». También de esta época procede la española «Ñ».

Inicios de la Época Moderna

Desde el siglo XVI se fueron diferenciando los sonidos de la «J» y de la «I», así como el de la «V» y de la «U». Su invención se debe a Pierre de la Ramée, contemporáneo de Erasmo de Rotterdam, quien propuso utilizar dos nuevos signos alfabéticos para representar dos fonemas que ya para entonces eran distintos. Pero la diferenciación que en principio era ocasional no se convertiría en una norma hasta el siglo XVIII, momento en que quedan establecidas las 26 letras del alfabeto latino básico tal como las conocemos actualmente:

A
B
C
D
E
F
G
H
I
J
K
L
M
N
O
P
Q
R
S
T
U
V
W
X
Y
Z

El nombre en español de la letra jota viene del latín iota a través del griego antiguo. La letra u latina proviene de la ípsilon griega, que procede a su vez del fenicio wau y que también es el origen de la Y mientras que el nombre de la uve = u (que desempeña el oficio de) ve.

Variantes en los alfabetos peninsulares

La letra Ç, que se usó en castellano antiguo para representar el fonema /ts/, es una letra originada durante la Edad Media por evolución gráfica de la zeta visigoda ʒ, originada a su vez en la ζ griega. La grafía procede del arqueamiento superior y, con el paso del tiempo, la inversión de los caracteres, colocando la z bajo la c; de aquí que se llame cedilla (zeta pequeña: la zeta se llamaba ceda), que fue evolucionando hasta convertirse en la actual ç. Esta letra, que se usó también en el euskera prenormativo, se utiliza actualmente en el catalán, el occitano, el francés, el portugués con el valor de /s/. En catalán se llama ce trencada (ce rota).

La letra Ñ se originó en la península Ibérica. La primera referencia es del año 1295. Durante el siglo XIV se extendió su uso, y ya en 1492 aparecía en la Grammatica de Nebrija. La grafía surgió de la costumbre de los copistas medievales de escribir la «n» con una rayita encima para indicar que era doble, ahorrando así espacio. Cuando el par «nn» cambió su sonido palatalizándose, la eñe se adoptó como nueva letra en el alfabeto español. Se emplea también en gallego, asturiano, y extremeño, así como en algunas lenguas indígenas de América.

4 comentarios:

  1. Buen resumen.

    Mejor wau que vav, si me permites la sugerencia.

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  2. Aunque ambas formas son correctas, no solo permito sino que agradezco tu sugerencia.

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  3. necesito saber la diferencia entre ανθρώπινος y ανθρώπινο!
    Osea, es una sola letra... solo sería por la diferencia de épocas en las q se escribió?

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  4. A quiénes o a quién se le debe el actual alfabeto o abecedario de nuestro idioma.

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